Esta canción no existe. Es nuestra historia, la sin final. En la que apareces en momentos determinantes. Justo en medio está la que ya no determinas. La historia que no cabe es y mi voz, la sombra.
sábado, julio 11, 2009
lunes, junio 29, 2009
jueves, mayo 28, 2009
Lanzamiento: "Ciertos Ruidos". Episodio 2
Este es el segundo lanzamiento del libro. Mañana Viernes 29 de Marzo a las 19:00 hrs. (en punto) en la Feria del Libro Infantil y Juvenil en el Parque Bustamante, Santiago de Chile. Presentan: Diego Ramirez, poeta & Nio_Niu, balarín de Para-para. Los espero!
lunes, mayo 25, 2009
1.-
Foto: [M. Carrera]
verte porque sí / la necesito
porque aguanto
las murallas naranjas
esa latencia
de toda
costra.
porque aguanto
las murallas naranjas
esa latencia
de toda
costra.
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domingo, marzo 15, 2009
Mi libro "Ciertos Ruidos: Nuevas Tribus Urbanas Chilenas"
Estimados lectores, he dejado mucho tiempo estos lugares, pero vuelvo con sorpresa... mi segundo libro de ensayo (el de poesía aún no va), que ronda entre las diferentes manifestaciones estéticas y musicales de los jóvenes de mi pais. Espero que aquellos que lo lean, lo disfruten y se despercudan de las ideologías de antaño.

"Ciertos Ruidos: Nuevas Tribus Urbanas Chilenas", Andrea Ocampo, Ed. Planeta, 2009.

"Ciertos Ruidos: Nuevas Tribus Urbanas Chilenas", Andrea Ocampo, Ed. Planeta, 2009.
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jueves, mayo 22, 2008
Cacofonías.-
Pic: Plastic_TreesCacofonías
No me importa el juramento que te di.
Belinda. Bella Traición
Belinda. Bella Traición
Por Andrea Ocampo
Esta insistencia me despedaza. Descalzada de tu figura nombro otra vez. Mas –ayer- todas las cosas serían entrañables. Los cuerpos han perdido la gloria. Me has robado la excavadora de los ojos y esas redondas mañas. ¿Cual es la diferencia entre mi recuerdo y tus fotos? No se puede asomar el asombro ¡El silencio más absoluto! La memoria inconfundible con tu rostro. Esta pérdida inútil, tu violencia. O nuestro cuerpo tan mal adecuado. Estimada: Inclinada destituyo esta sospecha. ¿Es posible reescribir las grietas de estos dedos? Quizás un ¿Cómo estas sin mi?
Me tienen prohibido recordar. La acción debe ser presente. Nada de gerundios, participios, cacocofonías, paraguas negros. Eres la forma uno, la letra a de mi nombre: un final apresurado en las vaciedades de la herencia. El puente de huérfanos donde sale la Miriam Hernández. O no me van a decir que se saben la letra del hombre que yo amo. ¡Suéltenme! Dedos recorren los sonidos y me escucho: pegada a mis vocales. Repetirlo dos, tres, nueve veces. No es tu nombre sino el emblema. Ese lugar que sitié al séptimo mes de tus blancas astucias en mi cintura. Pero confía, guardo esas soledades que entretejían nuestros juguetes de plástico. Ojalá pudiera tener la piel fucsia y brillante como ese rompecabezas inflable que me borraste. Cierro los ojos. Atravieso la superficie lisa y espectacular de estas piezas, la insistencia de los huecos y el aire. Sueño constantemente con eso, con el estar pegada y con que tú no digas, eso es más. Ordena: el pan caliente que pedí a hurtadillas de las prohibiciones médicas, las bolsas de metal en el suelo, las gelatinas duras en mi boca –siempre morada, o las paredes rayadas. Aquellos saltos mortales de las prótesis bucales que conjugan las rodillas rasmilladas y los besos de amor. Mal (dados), los de amor.
Contigo –en absoluto- aprendí a gatear, pues los gestos serían radicales: caminar a dos pies y zapatos cruzados. La verdad debe caminar con un sólo pie, me enseñaste. Y yo ando a dos, siempre a dos. Golpeo una y otra vez la puerta cerrada. Respondo con luces navideñas y las ansias desmesuradas por ese saber pagano. Grita, grita y así yo arremeto contra los vecinos de nuestras imágenes, los testigos directos, las herramientas de constatación más cercanas a las rejas de nuestro pegoteo. El calor se acumula en los párpados ¿Te puedo hacer una confesión? El corazón de algodón –sin alcohol- y la llave del libro por-venir. Tienes que ver más allá: los autos brillan, sólo ve los brillos, las luces y la luna la sigue. Enmascarada tras los barrotes lloras y pides mi auxilio (o quizás no). Siempre has sido tan inoportuna ¡Cochino, caca, lávate, sale! La piel macabra de nuestros niños que te acorralan aquí en medio. Juego con tu pelo y consuelo las muñecas que me has desnucado. Soy la niña. Eres tan dramática mi caribeña made in mademsa: déjame tranquila.
Esta insistencia me despedaza. Descalzada de tu figura nombro otra vez. Mas –ayer- todas las cosas serían entrañables. Los cuerpos han perdido la gloria. Me has robado la excavadora de los ojos y esas redondas mañas. ¿Cual es la diferencia entre mi recuerdo y tus fotos? No se puede asomar el asombro ¡El silencio más absoluto! La memoria inconfundible con tu rostro. Esta pérdida inútil, tu violencia. O nuestro cuerpo tan mal adecuado. Estimada: Inclinada destituyo esta sospecha. ¿Es posible reescribir las grietas de estos dedos? Quizás un ¿Cómo estas sin mi?
Me tienen prohibido recordar. La acción debe ser presente. Nada de gerundios, participios, cacocofonías, paraguas negros. Eres la forma uno, la letra a de mi nombre: un final apresurado en las vaciedades de la herencia. El puente de huérfanos donde sale la Miriam Hernández. O no me van a decir que se saben la letra del hombre que yo amo. ¡Suéltenme! Dedos recorren los sonidos y me escucho: pegada a mis vocales. Repetirlo dos, tres, nueve veces. No es tu nombre sino el emblema. Ese lugar que sitié al séptimo mes de tus blancas astucias en mi cintura. Pero confía, guardo esas soledades que entretejían nuestros juguetes de plástico. Ojalá pudiera tener la piel fucsia y brillante como ese rompecabezas inflable que me borraste. Cierro los ojos. Atravieso la superficie lisa y espectacular de estas piezas, la insistencia de los huecos y el aire. Sueño constantemente con eso, con el estar pegada y con que tú no digas, eso es más. Ordena: el pan caliente que pedí a hurtadillas de las prohibiciones médicas, las bolsas de metal en el suelo, las gelatinas duras en mi boca –siempre morada, o las paredes rayadas. Aquellos saltos mortales de las prótesis bucales que conjugan las rodillas rasmilladas y los besos de amor. Mal (dados), los de amor.
Contigo –en absoluto- aprendí a gatear, pues los gestos serían radicales: caminar a dos pies y zapatos cruzados. La verdad debe caminar con un sólo pie, me enseñaste. Y yo ando a dos, siempre a dos. Golpeo una y otra vez la puerta cerrada. Respondo con luces navideñas y las ansias desmesuradas por ese saber pagano. Grita, grita y así yo arremeto contra los vecinos de nuestras imágenes, los testigos directos, las herramientas de constatación más cercanas a las rejas de nuestro pegoteo. El calor se acumula en los párpados ¿Te puedo hacer una confesión? El corazón de algodón –sin alcohol- y la llave del libro por-venir. Tienes que ver más allá: los autos brillan, sólo ve los brillos, las luces y la luna la sigue. Enmascarada tras los barrotes lloras y pides mi auxilio (o quizás no). Siempre has sido tan inoportuna ¡Cochino, caca, lávate, sale! La piel macabra de nuestros niños que te acorralan aquí en medio. Juego con tu pelo y consuelo las muñecas que me has desnucado. Soy la niña. Eres tan dramática mi caribeña made in mademsa: déjame tranquila.
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lunes, noviembre 26, 2007
Presentación por GG.-
Les comparto esto. Es una de las cosas más lindas que me han escrito y que fué la presentación que hizo GG (el que sale conmigo en el video de acá abajo) en un ciclo de Lecturas de Poesía llamada Jauría.
La pasión es el descanso de la fuerza entregada al lecho de la fertilidad. Cuando el cuerpo de una mujer puede entrar en los oídos de las personas es que se ha descubierto la manera de hacer que el acero se vuelva tan suave como una espada entrando en la piel de un adorado enemigo. Su sangre está marcada por el planeta de la guerra, su boca es un artilugio que dispara versos que son a la vez sangre y arena sobre los cuerpos de la contienda. Dejo con ustedes a Andrea Ocampo.
La pasión es el descanso de la fuerza entregada al lecho de la fertilidad. Cuando el cuerpo de una mujer puede entrar en los oídos de las personas es que se ha descubierto la manera de hacer que el acero se vuelva tan suave como una espada entrando en la piel de un adorado enemigo. Su sangre está marcada por el planeta de la guerra, su boca es un artilugio que dispara versos que son a la vez sangre y arena sobre los cuerpos de la contienda. Dejo con ustedes a Andrea Ocampo.
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